Manifestación en un barrio pobre de Buenos Aires / EL MUNDO
El corresponsal El Mundo

Pagarle a los más pobres de Buenos Aires para que se aíslen si tienen Covid

Las cifras del Covid crecen y crecen en Argentina. En Buenos Aires, la principal provincia del país, el gobernador apeló a una medida polémica para frenar la expansión del virus. Mi historia para EL MUNDO.

Las cifras del Covid crecen y crecen en Argentina. En Buenos Aires, la principal provincia del país, el gobernador apeló a una medida polémica para frenar la expansión del virus. Mi historia para EL MUNDO.

Sebastián Fest

BUENOS AIRES – Mientras los números de la pandemia aumentan, en Argentina vuelve a ganar fuerza una vieja enfermedad, un modo de ser que a esta altura parece adicción: la del debate público desde los extremos, la de hablarse desde el blanco o el negro, la de acorralar al otro con una insistente y enfermiza pregunta: “¿De qué lado estás?”. 

Es lo que los argentinos llaman “la grieta” y lo que en tantos otros países se conoce como polarización. Potenciada por las redes sociales, que en Argentina tienen una fuerza asombrosa, esa grieta se devora todo y a todos. Los comentarios, las críticas y las descalificaciones explotan incluso antes de que las cosas sucedan en un país que vive en estado de insatisfacción casi permanente. Sucede cuando se está convencido del destino de grandeza y este no se presenta a la cita.

Uno de los personajes preferidos en el agrio debate diario es el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. Ex ministro de Economía de Cristina Kirchner, cuando se lo ve y escucha da la impresión de que preferiría volver a ser ministro o apostar por la presidencia, cualquier cosa menos hacerse cargo de la patata caliente que implica estar al frente de la provincia más grande y poblada del país. La que concentra la industria, las riquezas, la pobreza y el crimen. Todo a la vez.

Kicillof, un economista que fue medalla de oro en la Universidad de Buenos Aires (UBA), es permanente carne de meme en el país. Keynesiano y fundador en su juventud de la agrupación estudiantil Tontos Pero no Tanto (TNT), el gobernador de 48 años pareciera a veces seguir inmerso en la efervescencia del ambiente universitario que abandonó hace ya mucho. Hay algo de eso en su propensión a hablar sin límite de tiempo, a confundir cifras y a lanzar frases entre contundentes y alarmistas.

“El que venda que pasó el coronavirus, miente. Para cuidarse, hay que guardarse y el Estado acompaña ese proceso con muchísimas medidas. En lo peor de la pandemia seguimos trabajando, inaugurando centros de salud, incorporando insumos de protección, camas y respiradores, porque siempre estamos del lado de los trabajadores y del pueblo”, es una de sus recientes frases.

Ese cóctel de alarmismo paternalista-populista al que es afecto el gobernador podría no ser el mejor camino para cumplir el objetivo de tranquilizar a una sociedad agotada mental, física y económicamente ante la cuarentena que se inició el 20 de marzo para contener la pandemia del Covid-19.

SUBSIDIO DIARIO POR AISLARSE

Y es por esos antecedentes (y por sus asombrosamente generosas negociaciones con Repsol al expropiar YPF y con el Club de París en sus años de ministro), que a Kicillof muchos no le reconocen el acierto ni siquiera cuando, en efecto, da en el clavo. Sucedió con la última medida que anunció, el pago de un subsidio diario para inducir a aislarse a aquellos que sospechan que tienen coronavirus.

El gobierno de Buenos Aires le paga a sus ciudadanos para que admitan ser ingresados. Detrás de la medida está el dato de que en las barriadas de interminable y creciente pobreza que rodean a la ciudad de Buenos Aires (un distrito aparte, gobernado por la oposición), mucha gente no puede permitirse dejar de salir a ganarse el sustento diario. Salen a trabajar (o a buscar trabajo) aunque íntimamente estén convencidos de que se han contagiado del virus.

¿Solución? El gobierno de Kicillof le paga 500 pesos diarios(entre cuatro y cinco euros, depende del tipo de cambio que se tome) a aquellos que se presenten para alojarse en centros extra hospitalarios destinados a pacientes leves de coronavirus. Pueden quedarse hasta 14 días, lo que equivale a un pago total de unos 60 euros, que en los barrios más pobres del país es una cifra no desdeñable. Así no contagian, ni en sus casas ni en el transporte público. Y se evita que sus casos se agraven.

“Es un subsidio para los pacientes por desarraigo y solidaridad, por las dos cosas”, sintetizó el gobernador. Las críticas no se hicieron esperar: muchos acusaron a Kicillof de generar una “bomba de contagios”, incluso de atraer al transporte urbano a enfermos de Covid-19. Juan Carr, titular de ‘Red Solidaria’, comentó a EL MUNDO que lo que ve es otra cosa: récords de solidaridad y gente muy humilde que se cuida mucho, “porque sus vidas están en riesgo desde siempre, saben cuidarse”.

PREOCUPANTE TENDENCIA DE LA PANDEMIA

La realidad del Covid en Argentina es difícil de asir. Los casos han crecido de forma notable en julio, pero el país sigue teniendo, nominal y proporcionalmente, muchos menos casos que Brasil y Chile. Parte de ello tiene que ver con que la tercera economía de América Latina -con su PIB en caída libre- ha hecho muchos menos tests que la mayoría de los países desde que estalló la pandemia. Claudio Belocopit, dueño de ‘Swiss Medical’, uno de las grandes seguros de salud del país, además de jefe de los prestadores privados, describe un panorama complejo.

“La tendencia de los números de Argentina en las últimas semanas produce una alerta naranja. Si continuamos esa tendencia dos semanas más, el sistema va a sufrir”, dijo en una entrevista con un grupo de corresponsales extranjeros. Los datos que desgranó permiten entender mejor la decisión de Kicillof de pagarle a sus gobernados para que se autoingresen en centros especiales.

Argentina, que impuso un confinamiento estricto con un puñado de casos en el último día del verano, terminó relajando ese confinamiento en las profundidades del invierno. “Es que la gente no quería más cuarentena”, admite Belocopit, y deja cifras: en la ciudad de Buenos Aires hay ya entre un 80 y un 90 por ciento de camas de cuidados intensivos ocupadas sumando todas las patologías, no solo el Covid. 

Belocopit entiende, aunque no aprueba que la cuarentena se haya relajado. “La cosa está muy muy complicada, desde el punto de vista sanitario deberíamos estar todos adentro. Y volver a fase 1 sería volver a muchos muertos. Sería un desastre”. El desastre que necesita evitar Kicillof.

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