Domingo Cavallo, ex ministro de Economía de Argentina
El corresponsal El Mundo

Domingo Cavallo: "La situación es mucho más grave que en 2001; y no quiero ni imaginar a Cristina de presidenta"

Pasó de admirado “zar” de la economía argentina en los ’90 a hombre detestado por muchos argentinos pocos años después. Pero Domingo Cavallo no se esconde: sigue diciendo lo mismo que dijo siempre, como en esta entrevista…

Pasó de admirado “zar” de la economía argentina en los ’90 a hombre detestado por muchos argentinos pocos años después. Pero Domingo Cavallo no se esconde: sigue diciendo lo mismo que dijo siempre, como en esta entrevista para EL MUNDO en la que no deja tema sin analizar y alerta de la debilidad del presidente argentino, Alberto Fernández.

Sebastián Fest

BUENOS AIRES – Domingo Felipe Cavallo es polémico por naturaleza. Lo saben bien en Argentina, donde forma parte de capítulos fundamentales de la historia económica y política del país. Ex presidente del Banco Central, ex ministro de Asuntos Exteriores, dos veces ministro de Economía y frustrado candidato a presidente, domó la inflación en los años 90 con aquella célebre convertibilidad que durante más de una década se sintetizó en que un peso argentino valía lo mismo que un dólar. Pero, para muchos argentinos, es un pésimo recuerdo, al responsabilizarle de la explosión económica de 2001 y del célebre ‘corralito’. Desde su cuarentena en Buenos Aires habla con EL MUNDO, lamentando el viaje ya perdido que iba a hacer a España con su esposa e hijos para celebrar sus 74 años. 

¿Cómo ve a España, donde gobierna una coalición de izquierdas?

Me llaman la atención las contradicciones que aparecen en el discurso de los dirigentes. Un poco lo que está pasando en Argentina… Ahora, al presidente argentino,Alberto Fernández, permanentemente le sacan los vídeos de lo que decía cuando apenas un año antes criticaba a Cristina [Kirchner, su hoy vicepresidenta]. Y en España veo que a Pablo Iglesias también le sacan vídeos con declaraciones muy contradictorias con lo que hace y dice actualmente.  

¿Tiene estudiado a Pedro Sánchez? 

Veo que tiene un cierto parecido con Alberto Fernández… Tiene opiniones que van variando en el tiempo y se acomodan a las circunstancias

Y a Europa, ¿cómo la ve con la crisis del coronavirus?

Creo que el Banco Central Europeo se ha estado manejando muy bien. Hay dirigentes que tienen liderazgo y llevan muy bien sus economías nacionales, es el caso de Angela Merkel. Pero lo que no se ve en Europa es un liderazgo o gobernanza global que aliente expectativas de que los problemas se van a resolver. Que Alemania aún no haya aceptado que se emitan eurobonos es un error. Si Europa fuera capaz de emitir eurobonos con garantía de todos los países, accedería al mismo financiamiento al que acceden Estados Unidos o Alemania, y eso les facilitaría muchas cosas de cara a los programas de recuperación. No han logrado los dirigentes de Europa encontrar mecanismos adecuados para darle una buena gobernanza al continente. Aunque hay que ver también que EEUU no es un conjunto de Estados independientes, pero tienen un presidente como Donald Trump que dice disparates a cada rato y comunica decisiones por Twitter que desconciertan a todo el mundo, un hombre que se pelea con los chinos y abandona los organismos multilaterales. Lo que está pasando en ese país no es de naturaleza diferente a los problemas que tiene Europa.

Muchos creen, sin embargo, que el problema de Europa es el opuesto, que no toma decisiones o las toma demasiado tarde…

Gobernar no es fácil en ningún lugar del mundo, pero hay temas donde los europeos podrían avanzar más rápido. Después de la crisis de 2010/2011 estaba claro que si tenían una unión monetaria también tenían que avanzar a la unión bancaria y financiera, pero nunca lo lograron. Permanecen esos defectos de diseño en la UE. Pero lo importante es lo que ha mejorado Europa en todos los aspectos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Falta mucho, pero han logrado mucho.  

Usted fue ministro de Exteriores y de Economía de Carlos Menem en los 90, ¿qué recuerda de la España de aquellos tiempos, del tándem Felipe González-Carlos Solchaga?

Funcionaba muy bien España en aquellos años. Pero yo también trataba con los dirigentes del Partido Popular, con Manuel Fraga. En aquella época el bipartidismo funcionaba bien, había diálogo entre González y la oposición. Pero por otro lado no estaba en discusión la unidad de España, los grupos que negaban a España no tenían mucha fuerza. Hoy, en cambio, es preocupante ver cómo los socialistas y Podemos han tenido que negociar con los partidos separatistas. Todo eso es un elemento que dificulta la gobernanza de España. 

¿Ve alguna solución?

Siempre pensé que en algún momento el Partido Socialista y el Partido Popular podrían llegar a formar una gran alianza, como la que en tantas ocasiones han hecho los alemanes entre los democristianos y los socialdemócratas. Los partidos interesados en mantener un sistema político que funcione en momentos críticos tienen que dejar de lado sus diferencias y unirse para sacar el país adelante. España tiene dificultades, como las tenemos nosotros y otros países latinoamericanos. Sé que no es fácil lograr ese tipo de acuerdos. Pero sería más razonable ver una alianza de los dos grandes partidos para gobernar juntos, antes que ver a uno de ellos obligado a incorporar a partidos que no están a favor de que se mantenga España como una unidad.

Usted conoce muy bien a Alberto Fernández, ¿qué puede decir de él y de su gestión?

Cuando yo era ministro de Economía, Fernández ocupó un cargo alto en el equipo económico, era superintendente de Seguros. Y cuando fui candidato a jefe de Gobierno de Buenos Aires se acercó con el que hoy es su círculo íntimo en el Ejecutivo para ofrecer acompañarme en mi candidatura. Yo había hecho la campaña presidencial meses antes y me consta que Fernández estaba de acuerdo en general con las cosas que yo decía. Es un buen operador político, eficaz, pero nunca fue líder de nada, alguien que ganara elecciones por sí mismo o liderara procesos políticos. El déficit que está poniendo de manifiesto es precisamente ese, hay una líder con mucha capacidad política y de acción, con mucha fuerza, que es Cristina Kirchner, que lo eligió a él como candidato. De esa forma él llegó a ser presidente. 

¿Cómo de fuerte es Cristina en el Gobierno desde su puesto de vicepresidenta? 

Algunos tenían la ilusión del ‘albertismo’, un Gobierno en el que Cristina fuera un ingrediente no determinante. Pero lo que estamos viendo ahora es todo lo contrario, prácticamente la que toma las decisiones estratégicas y más importantes es ella. Y él está actuando como un operador político sin liderazgo, sin imponer sus ideas. Lo que él está haciendo no son sus ideas, basta con ver los vídeos que recuerdan lo que decía. Un ejemplo es el de la expropiación de YPF (que hizo Kirchner en 2012). Él la criticó severamente. Y ahora decide a instancias de Cristina expropiar una empresa agroexportadora que está en convocatoria de acreedores. Alberto depende crucialmente de decisiones estratégicas de Cristina, que probablemente era la intención de ella desde, que fue quien lo nominó para la Presidencia.

A Fernández le quedan tres años y medio más en el poder, ¿puede aguantar con esa presión que usted describe de la vicepresidenta?

Bueno, depende de si él se siente cómodo o no jugando ese rol. Y vamos a ver qué piensa la gente cuando vote en las legislativas el año que viene. A mí me parece que le está yendo muy mal, incluso políticamente. Está chocando con la misma piedra que Cristina en 2008, con el agro, que es un sector muy importante, el más productivo de Argentina. No es un grupo de oligarcas, como se decía 70 años atrás, sino de productores con muchos servicios industriales y agroindustriales clave para muchas ciudades y pueblos del interior del país. Ponerse a esa gente en contra es para mí una garantía del fracaso no solo económico, sino político. 

Usted y su Gobierno cayeron en 2001, en medio de una profunda crisis económica. ¿Qué sucedió con aquel Ejecutivo de Fernando de la Rúa?

Fue un golpe institucional. Y en realidad sacaron al presidente para sacarme a mí, porque era el que estaba resistiendo el tipo de medidas que buscaban. Eduardo Duhalde [el presidente que asumió el 1 de enero de 2002] ni sabía qué medidas iba a tomar, porque no entiende nada de economía, aunque de política sí sabe. Sabe cómo hacerse con el poder. Los que le vendieron la receta de la ‘pesificación’ y de la devaluación era gente que sí sabía lo que quería, y sabía que yo no le iba a permitir provocar semejante redistribución regresiva de la riqueza y de los ingresos que produjo la pesificación y consecuente megadevaluación del año 2002.

La economía argentina está frenada por la cuarentena, ¿qué puede pasar?

El problema de Argentina es que -como no tiene crédito interno ni externo, y tampoco tiene moneda- todos los paliativos ineludibles para que la gente no se muera de hambre se financian con emisión monetaria. Asusta a todo el mundo la explosión inflacionaria que podría haber a la salida de la pandemia. Sacando a Venezuela y Nicaragua, la de Argentina es la más complicada de las situaciones. Ahora la situación es mucho más grave que en 2001. Salir adelante va a ser mucho más difícil que en 2003 y 2004. Salvo que se diera algo que me parece poco posible: un ‘boom’ de la economía global que de nuevo aumente la demanda de materias primas, como sucedió entre 2003 y 2011. Cuando algunos economistas renombrados le decían a Grecia que aplicara la solución argentina y evitara la recesión, yo les decía que no había términos del intercambio en Grecia para que se produjera el fenómeno de Argentina. Hicieron bien los griegos en no salirse del euro.

Cristina Kirchner es la primera en la línea de sucesión presidencial. Si se diera el caso, ¿cómo cree que sería una hipotética tercera Presidencia de Cristina?

No se lo voy a decir, porque no lo quiero siquiera imaginar. 

Bueno, eso es una respuesta.

En Argentina, quien le haga predicciones es un irresponsable, porque el grado de incertidumbre económica, política y social, y el nivel de desorganización que tiene nuestra sociedad es casi extremo. No es Venezuela, que es mucho peor, pero no está muy lejos. Es muy difícil hacer predicciones, muy difícil ser optimista. Yo siempre pequé de optimismo, pero hoy no soy optimista. A diferencia de lo que pregona Duhalde -que dice que Argentina está condenada al éxito-, yo diría que más bien estamos condenados al fracaso. No porque alguien de afuera nos quiera hacer fracasar, sino porque no hemos encontrado la forma de funcionar como sociedad organizada.

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